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CLAUDIO CAPACE   8 April 2011

TEST DRIVE: nuevo Renault Latitude 2.0 & V6 3.5

Latitude, la nueva dimensión de Renault

El Latitude llega a nuestro país con dos motores nafteros, un precio decididamente agresivo y un objetivo claro: recuperar el brillo que Renault supo tener en el segmento de los sedanes grandes.

TEST DRIVE: nuevo Renault Latitude 2.0 & V6 3.5

Punta del Este tiene un encanto especial fuera de temporada. Sin el bullicio propio del verano, las playas uruguayas conservan intacta esa extraña belleza un tanto agreste que las hace únicas. En ese marco, elegante y sofisticado, pero al mismo tiempo rústico y salvaje, tuvimos el primer contacto de manejo con la apuesta mayor de la casa del rombo para este 2011 en el territorio de los sedanes “serios”.

Una dura competencia

El Renault Latitude llega para reconquistar un territorio que la marca dejó yermo tras la discontinuidad en nuestra plaza del Laguna Fase Dos. El referente obligado de ese segmento en nuestor mercado es el Volkswagen Passat, que dobla en venta de unidades a su seguidor, el Mondeo de Ford. El Peugeot 407 y el Citroën C5 tercian en la contienda con aroma francés, y más atrás se debaten los japoneses con el Toyota Camry, el Nissan Teana y el Honda Accord.

Este modelo, el tope de gama de la marca en nuestro país, se presenta con un porte importante y una configuración clásica de tres volúmenes: tiene un largo de 4.897 mm de largo (1.832 mm de ancho) y un alto de 1.483 mm de alto. Tales cotas le permiten gozar de un buen espacio de carga: llega a 511 litros.

El diseño

Está claro que Renault se encuentra en un momento de transición de su lenguaje visual: se debate entre los modelos de mayor éxito en la región (derivados de su marca Dacia), autos como el Clio2 –que espera pronto reemplazo después de muchos años de vida útil y productiva–, exponentes europeos de primer nivel como el recién llegado Mégane III y la adopción de soluciones orientales derivadas de su marca Samsung para las gamas superiores: es el caso del Kóleos, el Fluence y este Latitude.

En ese contexto, no es aventurado arriesgar dos conclusiones quizás algo prematuras pero que alcanzan certidumbre respecto del nuevo integrante del portfolio: es un paso lógico y necesario en el contexto actual… pero no posee un ADN que lo identifique claramente como un producto de la marca. Para que se entienda: si a esa parrilla le ocultáramos el rombo ¿cuántos podrían decir con certeza que se trata de un Renault?

Por fuera & por dentro

La primera impresión que genera el vehículo es positiva: la recorrida visual muestra un conjunto elegante y estilizado, portador de una gran distancia entre ejes. El planteo lateral –con una guarda cromada que realza la curvatura final del techo– y el remate del sector posterior son los puntos más logrados de este nuevo integrante de la familia del rombo.

Acceder a su habitáculo es adentrarse en un ambiente muy sobrio, algo impersonal quizá, definitivamente su sesgo más oriental y menos revolucionario, pero tratado con materiales que responden a los requerimientos de su categoría. Hay mucho espacio y resulta correcta la visibilidad.

El motor 2.0

En primer lugar probamos la versión 2.0 Dynamique, que plantea la solución mecánica más aceptada de su segmento en términos de volumen: cuatro cilindros y 143 CV. Se trata del conocido impulsor 2.0 litros de 16 válvulas (denominado M4R), idéntico al que llevan el Fluence y el Sentra de Nissan, combinado en este caso con una transmisión manual de seis velocidades. Tiene un par máximo de 195 Nm (desde las 3.750 rpm) que obliga a llevarlo en el cambio exacto para obtener reacciones vivaces.

Esta versión incorpora de serie, entre otros elementos, control de tracción (ASR) y estabilidad (ESP), ayuda para frenadas de emergencia (AFU), airbags frontales, laterales y de cortina. El climatizador es automático y trabaja en dos zonas, la butaca eléctrica para el conductor y cuenta con sensores para estacionar; suma techo eléctrico, tapizado de cuero y sensores de lluvia y luz. En este breve encuentro anotamos un impecable equipo de audio, aunque requiere cierta familiarización para su uso.

Sensaciones de manejo

El Latitude, al menos en esta variante, es coherente. Los comandos son delicados, la insonorización es la correcta y el clímax puertas adentro está muy bien logrado. No es un auto que emocione o sorprenda, pero deja en claro que se trata de un “grand routiére” por excelencia. Las suspensiones lucen equilibradas y apuntan a mantener el status de confort por sobre el paladar deportivo a altas velocidades: está bien que así sea. A velocidad crucero, dan ganas de que el viaje no termine nunca.

Por cierto, hay que decir que muchas de las definiciones técnicas se corresponden con las de su hermano sanguíneo, el Teana de Nissan. La dote de confort es buena, aunque se extrañan algunos elementos. De todas maneras, se trata de un esquema lógico y racional, especialmente si tenemos en cuenta que esta variante de entrada ataca con un precio tentador (u$s 36.500) y se dirige a un perfil de usuario que se instala entre conductores más maduros, que privilegian el confort por sobre la performance. Si hasta obliga a revisar las cuentas respecto de los modelos del segmento inferior…

El motor V6 3.5

Finalmente nos llegó el turno de conocer la versión más potente de este nuevo modelo del rombo: la que está equipada con el V6 de 3.5 litros (también de origen Nissan) de 240 CV y un generoso torque de 316 Nm. Salimos con un sol que invitaba a tomar la ruta interbalnearia y enhebrar los distintos poblados que hacia el norte se desprenden de la costa uruguaya… pero nos contuvimos y programamos el GPS (joystick central, al lado de la palanca de cambios) hacia el sur, precisamente a Punta del Este.

Acá ya es otra la historia, y los caballos permiten obtener reacciones más interesantes. La caja automática (no es variable continua, como podríamos esperar de un modelo de esta categoría) responde con patinamientos lógicos –recordemos que en este segmento los alemanes sacan una ventaja decisiva– y le da interesantes bríos a cualquier desplazamiento. Las suspensiones copian bien: quizá el potencial cliente espere una respuesta más firme, quizá no.

Sensaciones de manejo

El V6 permite acelerar y recuperar con precisión. Los frenos y la dirección acompañan en la misma sintonía y la cuestión dinámica resulta, desde ya, mucho más divertida que a bordo de su hermano menor. En el interior se percibe el salto de versión en los apliques, el techo XL y el navegador. A nivel equipamiento, lo más destacable que incorpora la variante Privilége es el detector de la presión de los neumáticos, las llantas más grandes (17"), el freno de mano eléctrico, el alerón trasero y la doble salida de escape. Desde el lado de la seguridad, el combo se agranda con proyectores bi-xenón direccionales y airbags adaptativos.

Las butacas nos resultaron generosas y cómodas pero juzgamos mejorable –en este breve contacto y con la subjetividad de una prueba de una hora y media para cada modelo– el apoyo que ofrece el cojín en curvas más pronunciadas. El habitáculo es muy amplio y está claro que resalta la generosa distancia para las piernas: sólo los más altos pueden llegar a sufrir por culpa del techo, que marca una curvatura importante y le quita espacio en altura al interior.

El precio de este tope de línea no es malo (u$s 46.500), pero la cuestión es que talla muy cerca de alemanes varios (más chicos y con menos equipamiento, es verdad). Por supuesto, la marca del rombo sabe que la penetración fuerte del mercado se dará con la mecánica más chica: este V6 se reserva para clientes más exigentes y que desean mayor nivel de prestaciones.

Balance

El primer contacto con este auto de origen oriental, realizado justamente en la República Oriental del Uruguay, nos dejó una buena impresión. El Latitude, que se presenta para nuestro país apenas dos meses después de su debut europeo (donde la marca oferta también el Laguna III, imposible de comercializar en nuestro mercado por una cuestión de costos), ofrece 3 años 0 100.000 km de garantía.

Por supuesto, tendrá que vérselas con rivales históricos y cumplir la misión de seducir a un público que durante mucho tiempo fue fiel a la marca y que en un determinado momento se quedó sin opciones de recambio dentro del portfolio. Es una carta brava para el Latitude, pero en Renault le tienen confianza para jugar el partido.